La Arquitectura dentro del gremio…

Moción de Orden para ciudades con anarquía constructiva y otros males.

Rol de los arquitectos, Emotividad, Espíritu, Intelecto y Materia.

En todos estos años de ejercicio de la profesión como arquitecto he sido acicateado por distintas tensiones derivadas de la incomprensión generalizada del rol del ingeniero, constructor y arquitecto.

Surgen con más vigor cuando se trata de analizar el resultado poco estético de nuestras jóvenes ciudades. Siendo estas últimas la expresión más acabada de la cultura alcanzada y de nuestro civilizado avance sobre el planeta.

Lamentablemente hay mucho por corregir y afortunadamente lo detectamos y compartimos la mayoría de los responsables.

Casi todos nosotros, que hemos elegido residir y actuar en esta bella y querida región, tenemos un patrón común :

“Nuestra mente discriminó la belleza

que nuestro espíritu reclama para vivir.

Elegimos el sitio y vencemos las dificultades

materiales que se nos presentan.”

Los arquitectos nos ocupamos de la Materia, Intelecto y Espíritu. Y si los vínculos de estas entidades armonizan entre sí,  suscitan Emoción.

Si como resultado de esta cruzada anhelada, tenemos el entorno desajustado que no nos satisface, debemos reflexionar sobre los componentes que lo determinaron y no podemos esquivar la cuota de responsabilidad que tenemos en esto los arquitectos, ingenieros y constructores.

Si hacemos una analogía entre el individuo completo, rico en espíritu, intelecto y físico con nuestras ciudades, podemos decir que son precisamente esas características las que las hacen más o menos atractivas. Un espíritu fino y enriquecedor, intelecto para comunicarlo, administrarse, comportarse y su expresión física cuidada, amable y armoniosa hacen decididamente a la integridad de ellas. Son estos elementos los que si trasuntan la intuída o sesuda conexión, despiertan emociones. Y estas últimas son a las ciudades u obras de arquitectura las que las hacen y presentan como atractivas para ser conocidas, interesantes para dejarse contener y atrapar en una experiencia estimulante.

Hubo una década en la que la condiciones mencionadas existieron. Ese circunstancial acuerdo de necesidades materiales, tradición constructiva y cultura, revestido de un gran agradecimiento a la oportunidad, aunó esfuerzos importantes y plasmó emociones. Nuestras ciudades se han estructurado con ese envión. Esta experiencia en el caso de las ciudades es un gran motor del turismo. Nuestras ciudades deben cuidar el mecanismo.

Nuestro resultado se llama San Carlos de Bariloche, San Martín de los Andes, Esquel, Villa la Angostura, etc. Son nuestras queridas ciudades las que nos reclaman aquel acuerdo de partes, armonía clínica en sus vísceras para crecer y desarrollarse.

Y ahora sí, nosotros arquitectos, ingenieros y constructores concentrémonos en este desafío. Si seguimos trabajando aisladamente, no hacemos más que agregar experiencias desordenadas y esfuerzos inconexos con resultados aislados.

No está el éxito en ser todos rodilla, cerebro o duodeno. Sino en esforzarnos y propugnar que cada uno se concentre en mejorar su prestación específica en un fin común. Ya pasó la época de los pioneros que hacían de todo un poco. Vivimos en un mundo exigente con una industria turística competitiva que no debe perder ni sabor ni estilo, no debemos alentar la improvisación.

En la estrategia de la superación debemos lograr que sean:

> los Constructores quienes ordenen los materiales y dispongan su adecuado empleo, así tendremos edificios sanos y de amable contacto.

> los Ingenieros calculen y prevean la complejidad sugerida por la ambición osada de las construcciones, consigan servicios más eficientes y costos que nos permitan crecer mejor.

> y los Arquitectos en colaboración estrecha de Constructores e Ingenieros logren transmitir las emociones del arte local que los espíritus reclaman. Con su sensibilidad reúnan y diseñen formas y espacios que acojan y promuevan su gallardía a habitantes y huéspedes en amables ciudades.

Todos con alguna dosis de carga emotiva podrán producir excelencia.

Estos ingredientes subjetivos son resorte del accionar del arquitecto. Luego de años de crecimiento urbano irreflexivo distraídos por el lucro y la satisfacción de necesidades como únicos líderes justificados, deberemos recapacitar, analizar y facilitar la comprensión de nuestro discurso. De esta manera ampliaremos el ámbito adonde aportar nuestras finas herramientas profesionales.

Lamentablemente son muchas las circunstancias que llevan al ingeniero a diseñar el hábitat, al arquitecto a calcular y construir; y al constructor a proyectar. Pero cuando tenemos conciencia de que esto nos trae por mal camino hay que tomar la caña del timón y corregir el rumbo. En nuestras jóvenes y expuestas ciudades es imperioso hacerlo.

Está en nosotros esclarecer, divulgar, instalar la reflexión del tema y actuar desde nuestras instituciones. En manos de los empresarios con visión de futuro y en las del gobierno velar por el cumplimiento de las leyes que los hombres han creado e instrumentado para lograr la excelencia de nuestro hábitat.