Recuperación Urbana / 1996

Este análisis que compartiré con ustedes fue realizado con la colaboración de varios colegas allegados a la Mesa Directiva del Colegio de Arquitectos.

Lo que nos ocupa es la Recuperación Urbana a manos de la arquitectura. Más allá de lo

material de la arquitectura, su aporte subjetivo, lo intangible de su enriquecedora colaboración ha sido subestimado, permitiendo la imágen de una actitud poco anfitriona.

Desde lo pragmático de la profesión proponemos la realización de un Programa de Necesidades para optimizar los esfuerzos necesarios para el cambio buscado. Abordando el tema con los recursos humanos locales y buscando la comprensión de todos los actores. Valorando los elementos intervinientes y asimilándolos a un proyecto convencional de hotelería se comprende fácilmente la sugerencia.

Antes de considerar el aspecto formal o estético queremos tratar de redescubrir aspectos intangibles y tal vez subjetivos que influyen en la formación de nuestra imágen actual. Si bien lo que nos ocupa es la Recuperación Urbana en manos de la arquitectura, su análisis nos obliga a ubicarnos geográficamente y repasar un poco la historia local. Debemos analizar nuestro Patrimonio Cultural considerando el fuerte estímulo de su Medio Natural. Su influencia ha sido determinante. La existencia de una ciudad inmersa en un Parque Nacional es una condición rara en el mundo. Armonizar la convivencia de estos intereses es un desafío apasionante para todos los barilochenses.

Retrotrayéndonos en el tiempo, encontramos que fue ese gran paisaje y su belleza los que atrajeron y promovieron el asentamiento de nuestros antecesores, aquí en lo que sería San Carlos de Bariloche. Por el privilegio de habitar en este entorno tan especial, tenemos una responsabilidad acorde frente a nuestros connacionales y el mundo. Tan es así que el mismo Perito Moreno al donar estas tierras por él ganadas, las ofrece a la Nación argumentando la altruista razón de que semejante riqueza sea compartida por la totalidad de los argentinos.

Estos antecedentes nos imprimieron el rol de afortunados anfitriones que consideramos debe prevalecer en Bariloche. Debemos reconocer el carácter altruista y servicial de esa función presente desde nuestros primeros pasos . Años más tarde la incipiente Dirección de Parques Nacionales desarrolla y refuerza el concepto planificando en un momento de gran coincidencia entre esa repartición y los jefes del gobierno. Realizan acciones concretas de construcción de obra pública para alcanzar una meta: Cumplir con la Ley de creación de los Parques Nacionales. Por ello al concluir una titánica etapa de obras cumplidas, al editar en el año 1943 el compendio de las mismas lo titulan: “PARA SOLAZ DEL PUEBLO”. Y en él se lee: “… por ello esa Dirección ha creído que el plan de su labor debía obedecer a dos etapas: la preparación de los Parques Nacionales como zonas receptoras de importantes corrientes viajeras y el encauzamiento de estas corrientes hacia ellas.”

Existe todavía una minoría que originalmente adhirió al proyecto turístico, en su mayoría extranjeros. Estos trajeron y sumaron al bagaje de mano de obra principalmente chilena, características constructivas artesanales muy atractivas para nuestros visitantes. Colaboraron la poca variedad de materiales y recursos tecnológicos de la época para darle un carácter particular a las edificaciones locales y regionales. Luego, atraídos, llegaron comerciantes que adhirieron al desarrollo local pero con un modo de vida y una arquitectura común a la mayoría de los centros urbanos del país. El encanto de la cultura local comenzó a diluirse y acaso comenzamos a decepcionar a algunos de nuestros visitantes y a nosotros mismos.

Hoy la ‘aldea’ ha quedado en el pasado, pero el patrimonio cultural de la gente de montaña permanece y se recrea. Su existencia hoy está salpicada y borroneada pero le dá a la ciudad un fuerte atractivo. Debemos extremar la preservación de esa cultura. No nos limitamos a hablar de lucarnas ni techos con pendientes. Hablamos de identidad, la cual está cargada de las cosas del pasado, muestra el sentimiento actual y expone nuestras intenciones.

El turista, ávido de conocer el gran paisaje y costumbres diferentes nos visita con cierta expectativa. El paisaje le satisface. Pero debe someterse a la publicidad grotesca del acceso a la ciudad para finalmente acceder y encontrarse con estilos de vida que se muestran cada vez más vulgares. La afluencia de inmigrantes, entre ellos profesionales de la construcción, todos con poca o menor tradición arquitectónica de montaña nos llevó a una urbe que progresivamente perdió la escala y debilitó su carácter regional. Nuestra ciudad contiene los metros cúbicos de hormigón, ladrillos, metros de cables y caños necesarios, pero es anárquica. No es la manifestación de una cultura definida, identificable y asimilable a un estilo mejor. Esto se vivió también con la desaparición de las artesanías que alguna vez nos caracterizaron en maderas, tejidos, hierro y astas.

En síntesis, comenzamos a alojar a nuestros huéspedes en construcciones comunes al resto de nuestras ciudades modernas y les ofrecimos productos llegados de Santiago del Estero, Salta y Córdoba… Felizmente la industria chocolatera, cerámica; la música y algunos artistas todavía procuran identificarnos. En cuanto al paisaje urbano, se pobló canivalísticamente de leyendas y publicidad anodina, que metro a metro nos convierten en un lugar común que sigue decepcionando.

Con esto llegamos al punto en el que podemos hablar de estar frente a una falta de ética estética. Cuando uno ofrece un producto y éste conlleva una imágen que se separa de la anhelada por nuestros destinatarios, estamos en buena medida defraudando. El reclamo estético que nos hacen es más amplio. Etimológicamente el término ‘estética’ define lo percibible por los sentidos. Entonces no nos limitemos a lo visual y lo táctil. Agreguemos lo que se percibe por el trato humano.

El Turismo no solo se evalúa por cantidad de camas o kilómetros. Es una suma de experiencias vividas por el usuario, y éstas son resultado en parte de nuestra intervención. Siguiendo con estos matices que hacen a la producción de Arquitectura, una definición de ella que corrobora lo que queremos transmitir, dice así: “Aquellas construcciones, edificaciones que suscitan emociones estéticas son obras de arquitectura.” – Y nosotros podemos agregar: Las demás eventualmente bien construidas, tal vez costosas, serán buenas construcciones. No arquitectura. Tal vez mala arquitectura. La desconsideración por el bien común es pobreza profesional. El público que nos visita, está acostumbrado a ver arquitectura y llega con alguna razonable exigencia de conocernos por la naturaleza y también por nuestra cultura construida.

No queremos hacer una valoración de los objetos, sino estimular a los que podemos intervenir mejorando el paisaje urbano dentro de la tradición constructiva montañesa, ayudar a reconocer buena arquitectura urbana que incluye veredas con sol que supieron estar pobladas de rosas, espacios con escala adecuada que brinden cobijo, reparo del viento y la nieve , materiales y colores transmisores de emotividad, de un estilo de vida. Pequeñas obras de arte… todas ellas ofrecen emociones. Obras puntuales, estratégicas y otras cotidianas, vulgares, permanentes que acojan a nuestros huéspedes.

La gratuidad de las cosas que una comunidad hace para vivir como ella desea es cada vez más escasa en el mundo y tiene en el equipamiento y paisaje urbano una fuerte expresión. Sentirse acogido, es recibir afecto. Este debe ser acertadamente expresado. Estamos en síntesis hablando del amor al prójimo. Por ejemplo el cartel en la puerta de un local que pide disculpas por estar cerrado, una medianera limpia y un pasamanos oportuno. Bariloche es un poco mezquino con esa gratuidad al desconsiderar la peatonalidad. Piensa mucho en embarcar en algún medio, combi, lancha o aerosilla a los turistas. A nuestro ritmo que tal vez es el que ellos quieren dejar atrás por un momento, no les facilitamos el contacto individual con el lago y el bosque.

Desde hace muchos años que carecemos de un planeamiento serio. Hemos demostrado incapacidad para afrontar la presión de coyunturas apremiantes circunstanciales a las que sistemáticamente se respondió aprobando excepciones que privilegiaron a unos pocos, enajenando la imágen urbana que esta ciudad se había propuesto. Sería deseable recuperar nuevamente el orgullo que alguna vez tuvimos. Este motor, compartido, convertirá en celosos guardianes a todos los habitantes comprometidos con el resultado. El lápiz, la hormigonera y el gesto pueden ser estéticamente ricos. Emocionalmente atractivos. Pero no deben ser gestos aislados. Estos deben ser transmisores del entusiasmo, la consideración y el compromiso… con el que el anfitrión se debe ofrecer humildemente a su huésped. Entusiasmo, deriva de EN TEUS y es etimológicamente ‘hacer las cosas en Dios’. Seamos o nó creyentes, quiero dimensionar el alcance del término. Para una ciudad con tan heterogénea nacionalidad de habitantes y huéspedes parecería que lo que nos uniría a todos es sin duda actuar con entusiasmo. Entusiasmo por un ofrecimiento con estilo y autenticidad en obras y servicios. Las obras de arquitectura son productos no perecederos, constituyen objetos singulares Ellas pertenecen al ineludible y permanente ambiente, lo que las obliga a expresarse como algo perdurable y testimonial. En esto radica parte de su trascendencia. Por esto debemos acordar en lo que al proyecto de ciudad se refieren las intenciones y carácter de esa trascendencia.

Para finalizar, y acotándonos a nuestra labor profesional cotidiana, nosotros vemos la necesidad de realizar un programa de necesidades al cual acomodemos nuestra ciudad. Este contemplará etapas modestas y realizables en el corto plazo, generadoras de confianza y entusiasmo para las de mediano y largo plazo. Esta es una tarea sencilla y usual que fácilmente comprenderemos si asimilamos el proyecto de la ciudad al de un hotel que habita permanentemente su propietario. Es fácil hacer la analogía de las situaciones planteadas. Diferenciación de accesos y privilegio de vistas. Diferenciación de servicios, privacidad y ruidos, residuos, estacionamiento… en fin, una tarea por nosotros conocida. Particularmente nos parece muy sintomático que hayamos llegado a los 94 años sin tener la Estación Receptora de Turismo multitudinario, como lo es la de ómnibus. Así podemos seguir mencionando ejemplos de las faltas. Pero ocupémonos de los aciertos y potenciarlos con creatividad.

Creemos que la actividad privada organizada y coordinada con los administradores públicos dará el sustento y continuidad a las líneas de acción. La firmeza del proyecto en el tiempo debe superar la instancia de las políticas oficiales desacertadas o circunstanciales. Estas deben sumarse a un plan común cuyo motor sea la suma de intereses. Debemos involucrarnos todos, empresarios, políticos y técnicos en la producción de los elementos necesarios para con el conjunto de la comunidad realizar los sueños que originalmente nos convocaron. Si soñamos solitariamente, solo soñamos. Cuando soñamos entre todos, modificamos la realidad. Lo conseguiremos con esfuerzo, docencia, expresión elocuente de nuestras intenciones y metas claras.